viernes, 23 de marzo de 2012

Libera el tornado

Libera el tornado
si hubiera un planeta cercano
donde quepan tus pies y los míos,
y donde el cielo estrellado
sea un candil en tus manos.

Agita con rabia las olas,
y convierte el océano en nubes.
Deja que se pierda tu boca en la mía,
mas allá del sol que conocemos.

Libera la impaciencia de tocarte,
y las palomas que cubren mi pecho
me roben al fin aquel verso
que habla de mares menguantes,
aquel que se escribe con miedo,
con manos convulsas.

Liberame a tu lado
donde la vida mane del tejido generoso
de nuestras gargantas,
donde la caricia nunca se enrede
en el cabello de los cobardes,
donde ni palomas ni versos
ni oleajes.

lunes, 12 de marzo de 2012

Espectador de sonrisas

Curiosas geometrías
ponen rostro al pulso enamorado.
La cara más corriente
busca el tacto a lo que brilla
pero a veces solo basta
ser la sombra en media luna
con billete diurno a tu fachada.

Ser camaleón de capa transparente
sentado en el brocal de tu manzana.

A veces acampa en otra orilla
un anónimo relámpago
y con saberme innecesario
ya me sobran las caricias.
Sentado en esta silla
hoy solo quiero ser
festivo espectador de tu alegría.

martes, 6 de marzo de 2012

Lo titulo: Amor

Yo había pensado titularlo: “Amor”
y coser sus cuatro letras en los ojales ciegos
con que se viste un huérfano de la escritura.

Habitas con igual cadencia en mi latido.
Las bocas simétricas, simétricos los gestos
y cromáticos recuerdos en verde y negro.

Sobre mis voces de Marzo, tu gratitud.
Y yo, de puntillas,
abrazo mi vehemencia a tu costado.

Oculto siempre el gesto de sorpresa
si descubro tu adicción a mi sumario,
cuando agitas las nubes con mis letras.

Algún poeta, con verso enamorado,
llamará "Fidelidad" a este aguinaldo.
Yo, sin átomo de duda, ya lo he titulado.

lunes, 20 de febrero de 2012

Siempre que regresas

Algunas noches cuando regresas,
de nada sirven los brebajes de chamanes,
porque no hallo protección tras el escaparate
que revive el abrazo de dos inocentes.
Y cuanto menos deseo ser tu anfitrión
más araña una mano la hebilla de mis sienes.

Y vuelvo a dibujar tus huellas dactilares
sobre los arenales ocres de mi pecho
y te observo sobre el lecho que decoro
con virutas de antiguos atavíos.
Sigilosa, en la insonora habitación
donde el dedo marcial sobre unos labios
nos implora guardar silencio.

Regresas si no hay nubes ni estrellas,
porque alguien doblega los párpados
y cuando la puesta de sol es una agónica bombilla
que apenas parpadea en mi almohada.
Cuando cualquier luminiscencia
mana de la huída de tus ojos
y no brilla identidad bajo mi mueca.

Entonces caes de súbito en mis brazos,
y me veo lanzando otro puñado de tierra
sobre una sombra dormida,
y me escondo en la turba de la noche
corriendo hacia tus manos,
como esa polilla suicida que se refugia en la luz
para morir sin miedo.

martes, 7 de febrero de 2012

Bala-da de invierno

Tú elegiste mi asiento
en la clase turista,
y el destino de este viaje
hacia hexagonales plumas
de helada delicadeza.
Partenaire en la travesía
mientras no encuentres
la única palabra
que clame misionera,
la hoz de los trigales
y las espumas.

Palabra de basalto,
comienzos arquitectónicos
de regresos y partidas.
La que enseñe su quijada
si nos halla recitando
soliloquios tiránicos
y cobardicas:

"...Y lo mucho que me quieres,
y lo mucho que me pierdo,
lo mucho que te debo
y lo mucho que me dás..."

Palabra libertadora
que me señale polizón de guadaña,
fondo y retahíla en su intención
de morir vértice y arista del asfalto.
Y cambie mi butaca y mi ventana
si la detonas como última bala,
aquella que me invite en solitario,
a poner el rumbo hacia la antítesis
de tu camino.