sábado, 1 de febrero de 2014

Soneto al desengaño

Y ahora, rézale a tu ángel custodio, 
que no te queda un euro en la cartera
y no has vuelto a reír en primavera,  
pues su semilla de amor era de odio.

Creíste que su triunfo era ese podio
donde apoyar tus sueños en hilera
y sus versos ondeando la bandera,
tu poesía del épico episodio.

Votaste a Rajoy, ese innombrable,
que nos lanza promesas de mentira
con su cara de imbécil amigable.

Y ahora, que tu libertad expira
y su destrucción, algo memorable,

quítate ya la venda memo... !Y mira!

viernes, 31 de enero de 2014

Miradas de lapislázuli

Duele escribir de aquello
que no es capaz de mirar
el hombre que llora en verso,
sin un grito de esperanza
ni un color de futuro.

Un poema Azul,
olas de afligida lasitud
que no llegan a estrellarse
en la lengua salada.

Un corazón a la deriva
boga por la corriente que fluye
entre los extremos del trapecio,
con su proa de lápiz,
consuelo de quienes viven
aguas abajo.

Y unos ojos sin timón,
son dos piedras lanzadas
al mismo centro del delirio
en que gravita el alma.

Al fin y al cabo,
después del amor,
el recuerdo se hace carbón
cubierto con piel de abeto,
un sepulcro atrapado
entre corales,

y el náufrago…
siempre olvida que la voz,
es el trueno que duerme
bajo el mar de esas dos estrellas,
de lapislázuli.

jueves, 30 de enero de 2014

U.S. Route 66


Al oscurecer, se desnuda el viajero
en medio de un hierático camino,
y cobija su infinita soledad
al abrazo amigo de la almohada.

Un caracol alado, es el búho protector
de la brújula que enferma y desespera,
incapaz de perseguir a las estelas
de los mapas que dibujan sus pupilas.

Y es su almena bajo el cielo,
vencida como un ala de paloma
por la débil luz de las estrellas,
esa vieja caravana que le guía
tras las millas solares que le restan.

Y mientras en la noche las praderas
de hondo azul, renuevan la tristeza
con nocturnos roces en las ruedas,
a millones de yardas de su amor,
es mayor, este silencio, que su anhelo.

#42

No pretendo escribir
de grandes misterios
ni de secretos volcados
en una lágrima
o sobre un beso.

El pudor nunca me invitó
a su fiesta.

Es vano enmendar años enteros
incluso los bisiestos,
vistiendo los lunes de domingo
y echando palomitas a los cuervos.

Tengo que declarar
que soy descabezado de bandera,
que riego los tomates con cerveza
y cruzo los semáforos a ciegas.

No puedo definirte
mi modo de escribir en arrebatos,
mi forma de besar a las farolas
o el raro zumbido de sirena
que brota en mi gaznate trasnochado,
burlando con resaca las aceras.

Pon tu la tarifa para este pecado,
que sea injusta es lo de menos,
ni un suspiro de queja
sostendrá mi abrazo,
si permites mi asimétrica manera
sin cambiarme los zapatos,
ni el sombrero.

Y si me pides una arroba de amor,
ya es tuya,
y mil quintales más,
y diez mil los besos
en hilera de acero.

Acabo de editarme la ordenanza
de no volver a fallarte
en otra espera,
de azucarar cada duda
que en tu mirada florezca.

Encenderte una luz cenital
en la distancia
que nos deje atrapados,
el mismo instante,
en que su baile atemporal
sea ya el nuestro.

Aunque el afecto se venda
con una cifra,
absurda o inútil,
soy el mayor de los necios
por saber que su límite,
me saluda siempre
amarrado a tus vientos.

­- Gracias, Xisca -

lunes, 8 de abril de 2013

Tu angel caido


Nunca olvido:
Le conocí siendo carnaza en un anzuelo,
tan inocente en su reclamo a lo cercano.
Resignado corazón atrapado en una fauce
y buscando en la rendija de colmillos,
las líneas hermanas de azabache,
los límites de tu brazo y de mi cuerpo.

Me has convocado para ser cirujano
y vaciar mi boca en sus espejos,
para coserle de nuevo y devolverle
a la batalla inventada por los dioses
para ostentar siempre la victoria
sobre sus hijos más bellos.

Se desvaneció cuando bebía en los desvanes
con los codos afirmados a una cama,
intentado pegar suspiros en un álbum
repleto de anónimos semblantes.

Me has convocado para ser el testigo,
después de afinarle las tripas
a todos los relojes,
para dar fé de las heridas
de los despojos de diamantes.
Relucientes restos
que nunca tallaron las manos artesanas.

Y ahora que está dormido,
mientras le acuno entre los dedos,
no deja de admirarme, la infinita belleza
de tu ángel caído.