miércoles, 2 de marzo de 2011

Descorabezado


Simétrica pobreza,
la del hombre separado
en dos mitades.
La una
apresada con tu llanto.
La otra
cegada con su nada.

Mi nombre se borró
entre dos naciones.
Mis lágrimas
son solo la cascada,
de esa única mejilla
que sustenta mi cara.

En esta despedida,
te puedo susurrar
desde el vacío ahora,
el epitafio que rezaba
antes de dividirme:

- Amor...

Mi corazón
queda contigo,
atrapado en este incendio,
masticando las cenizas
de un cuerpo calcinado,
y guardián del velatorio
de tu alma enamorada.

Mi cabeza
nos abandona a los dos.
Se esconde de su resto inerte
y bebe alzeimer al estúpido consuelo,
en una estancia vacía y acolchada.
Quedará colgada para siempre
en las forjas de su celda.

Pero la memoria
se queda conmigo
y aún puede suspirar
al recordar lo que te amé,
lo que retuvo de tu amor
aquel que fue ...
un hombre entero.
Tan huérfana se queda,
sin el corazón, ni su cabeza.

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