lunes, 3 de octubre de 2011

Nunca fuiste niña

Cuando te me acercas, entre hierba y semilla,
mi mano recoge aquello que se cae sin peso
sobre mis hombros, y de nuevo me recuerdas,
que nunca fuiste niña.

Porque aprendiste a domar a los dragones
al tiempo que el amanecer dejó de recibirte
con otro nuevo cuento de bienvenida.

Nunca fuiste niña
porque no supieron eclosionar
tus abrazos en mariposas,
ni empañaste con cercos de chocolate
las inmaculadas mejillas de silicona
al resto de hembras de tu camada.

El destino no te hizo bailarina, ni enfermera,
te hicieron feligresa de pequeños dioses cautivos.
Plusmarquistas en sus acristaladas celdas
de algún piso treinta y seis, sala tercera,
luciendo jubilosa, el laurel en sus cabezas
si proclaman la ejecución de nuevos reos.

Descubriste en las miradas de los adultos
sus profundos lagos de cobalto
y olvidaste dar el tributo a las aceras
corriendo detrás de una muñeca.

Te enseñaron que los dientes del diablo
crecen en los valles con abscisas
y supiste evitar su mordedura
disfrazada de billete de ida y vuelta.

Solo te besaron con los aranceles
de una orquesta hueca y sin corcheas
guardada en alguna caja de zapatos.

Y solo te acunaron
los perfectos epitafios de tus libros
destronados cada Junio, al salir del internado.

martes, 27 de septiembre de 2011

Declaraciones

Hoy el poeta,
se aceptó hiedra y verdín,
cascada de palabras
que sueña con almenas.

Fué el ojo que se arroja
en el fondo de la mano
cosida a una margarita,
deshojada.

Y muerde con sigilo,
la respuesta estéril y vacía.

Llanto sin lluvia, ruido seco.
La matanza del verbo,
en la garganta herida
por un endeble suspiro.

Amontona latidos
en manos unidas como eco y ovillo.
Madreselvas que ocultan el musgo
y sus guijarros.

Hay un grito preciso,
para devolver su nombre
a cada una de las flores,
con versos que riegan
un plato sin sustento.

Amputada la voz
ya no queda alegato.
En su destierro
mutila las rimas con aullidos.

Hoy sólo perduran,
las sombras de las siluetas
que parecen amantes
tras alisados visillos.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Te respondo un claroscuro

No somos iguales
querido poeta.
Te niego mis males
y recitas rabietas
con rima asonante.

Vaya por delante,
que este blanco folio,
ni es rima olvidada
ni verso sin letras.

Es
mugre encalada.
Ave maquillada
para ser paloma
muerta y disecada,
tras ser abatida
por una neurona.

Es como la gasa
que encubre impureza,
la falsa blancura.
Ceniza en la brasa,
la nívea belleza
que oculta negrura.

Lo que fue enterrado,
mudo y maniatado.
Sábanas con sombras,
un viejo demonio,
bajo mis alfombras.

Este folio en blanco
es mi propia esencia.
Llevo mi conciencia
blindada en un banco.

Un grito en papel
que deporto lejos,
más allá de tu piel,
y de mis huesos.




AMEN

martes, 20 de septiembre de 2011

Tímido Otoño


Este martes de espera,
soy el unicornio caído
en un cáliz de hojarasca.
Con los primeros fríos,
la timidez del otoño
mengua el verdor del músculo.

Han crecido las pupilas
al cobijo de tus labios.
Mi acequia se viste con velos,
para despojar a los gorriones,
del encharcado alimento
al fondo de sus cauces.

Eres quien me enseña,
que los hielos curan
la tibieza de una huella herida.
Que tus pies de barro,
libran a la mar
de sus vástagos enfermos.

Hoy se cubren de estatuas,
como estrellas muertas,
las doradas cordilleras.
Decorativas figuras,
de otoñocelana china,
tan frágiles y yermas.

Tiemblan la manos,
mientras inmóviles,
las margaritas hibernan
y no puedo preguntarlas
ni devolver a las miradas
la respuesta que esperan.

Este martes, casi Otoño,
delante de tu holograma
quiero ser brisa y verbo
y me pinto con sonrisas
bobaliconas, amarradas
a las praderas que amas.

Este tímido otoño,
destierro mis labios
a una primavera
que los deshiele,
con el certero calor
de su castigo de soles

jueves, 15 de septiembre de 2011

Escribo, entre otras estupideces.


Soy tan estúpido,
que trasnocho en tu falda,
mientras te aliso los pliegues
con el valle de una botella.

Tan estúpido en la madrugada,
que nazco sembrando el duelo
entre lirios y claveles
y te velo en una cesta,
embalsamada,
con las vendas violadas
por tu tinta.

Estúpido,
las otras madrugadas,
las de los otros,
las de salivas cosidas
en los rostros empeñados
en abortar mis poemas
y siempre, me renacen cadáveres
sobre las vacías palmas.

Estúpido
Mientras peino mi garganta
con soda y ginebra
y maquillo el sudor de tu mueca.

Y sonrío estúpido
cuando me arranco las manos
con el manojo de llaves,
que no sabrán liberar
las aves de tu cabeza
ni las grietas de mi pecho.

Estúpido,
Y sordo y mudo y ciego,
sigo amandote con versos.