viernes, 1 de julio de 2011

Prisiones

Me cubro con las extremas sombras
que se alargan por la sala,
y la rayada luz que se acampa
entre mis pies y mi ventana.

Contemplo el cadalso
y su teñido en rojo;
la cascada de esparto
que se burla allí afuera
danzando con la brisa.

Y la prisa galopando
mientras se columpia
una mirada apática
por sus doce espadas.

Alguien me lanza una llave
y suplica que me escape,
pero no me regala un camino,
ni un jardín que lo acompañe
ni un perro que me ladre
ni la mano que sustente mi hombro,
y a ti,
te aparte al olvido.

Me quedo en esta hiedra
y espero hasta el mediodía
para entregarme dócil al deseo
de engañar a los demonios
que te esconden en mi cráneo.

Todo era murmullo antes,
después ya tumbado
en un rojo clavel de lino,
tengo la voz con dos puertas
y se escapa a la pregunta:
¿Estará ella aún despierta?

Intenté ser libre
pero sigo aquí enjaulado
mientras se ate y respire,
con el pulmón y los lazos
de mi mortaja de espinos.

Y ahora, aquel murmullo,
es ya un torrente de ruidos.

miércoles, 29 de junio de 2011

Apremio


Somos murmullos alados,
inexplorados planetas
ciegos y libres.
Gravedades que se buscan
sin remedio.
Amamos la pulcritud que tiene esta distancia
que nos une las mareas con sus lunas.
Arenales que no erosionan las bocas
con rúbricas de saladas cicatrices.

Y aprendimos a escribir de mares limpios
de latidos cubiertos con silencios.
Sabemos de la calma de pasiones
y de lo asexual que ostenta lo escondido.

Pero, cada insomne noche yo te busco
en la orilla más sedienta de tu casa
y con la piel brillante tu me besas
en mi náufrago cristal y en su mensaje.

Y vocifero tu fiebre
en cada uno de mis sueños
y me incendias con palabras,
en este gélido verano.

Queremos escapar de rectas singladuras
Inmáculos y desnudos,
pero nos dejaremos vencer en esta playa,
que aún no sabe de las huellas.

Tenemos el ineludible apremio
de arrojar las alas en la mar vencida
y fundir nuestros cuerpos mutilados
en la misma orilla y sobre la misma estela.

viernes, 24 de junio de 2011

Epitafio

Solo así
es como debes recordarme;
lleno de voz entre las manos
y luciendo algún poema
en la garganta.

Amando lo cercano
de tus pies en movimiento
y dando libertades a los vientos
para que aprendan a besarte con descaro.
Desoyendo los destinos elegidos
y calzándome con ese andarín aliento
que me ayude a desnudarte de libranzas.

Y solo así,
nos perdurará el tiempo
con el reloj de arena
que nos deje su epitafio:

No sucumba tu vuelo ni mi rama,
ni un fortín desnutrido por olvidos,
porque ambos decidimos
hacernos carne en el camino,
con la volátil jaula de un poeta
que pudo dar su amor a quien le ama.

sábado, 18 de junio de 2011

Nuestra chistera

Allí dentro,
cualquier océano
parece una gota de rocío.

Todo cabe tan sobrado
dentro de nuestra chistera;
en ese abismo claro
donde gravita la magia
contigo inmersa.

Me sigues hoy
entre las montañas
de juguetes
de cuando era pequeño.
Y después me cruzaré
con el primer beso
corriendo tras tu sombra

Entre los geranios,
la tempranera caricia
me saluda con las manos,
firmes y honestas.
Nos cae la lluvia arcoiris
y rebosa las acequias con su aventura,
mientras tomamos el té
sin sombrereros ni locos.

Cuando te conjure
hacia las butacas
en uno de nuestros bolos,
te disfrazarás de flor,
y entre el polvo en fumarola,
volarás con la primera sonrisa
que nos aplauda.

Dentro,
eres el misterio.
Fuera,
una flor nube que vuela
y les desvela al oido
algunos de los secretos
de nuestra magia.

viernes, 17 de junio de 2011

A la deriva



Soy solo una nota
a la deriva:


El cuerpo y el corazón
se colaron por la valla del descampado.
Les gustó la anarquía de sus hierbas,
desnudas y asilvestradas,
en un jardín salvaje, sin luz ni asfaltado,
y mirar con desprecio los tiestos de las casas.

Ahora solo buscan dormitar
con una amapola de alargado tallo.

Tal vez por que soy la mujer
y siempre les recuerdo las prisiones
que nos enseñaron nuestros padres.
Tal vez por ello,
me lanzaron en medio de la mar,
en una botella.
Me alejaron de su vista
y ahora yo, me educo sola.

Si tu me encuentras,
llévame con ellos a ese descampado,
acaso, me enseñen a correr
detrás de la amapola de rojos cabellos.
No quiero quedarme sola entre las olas.
No quiero perderme para siempre
sin mis dos hermanos.

Firmado: La Cabeza