martes, 15 de noviembre de 2011

Tránsito del desarraigo

Nómadas del azúcar y la sal;
tripas cerradas a cal y canto
que buscan un nuevo siglo
donde mendigar la carroña,
de los hombres buenos.

Irán al desencuentro
de todo aquello que descansa,
en lo inmóvil.

No pisarán los cementerios
de neuronas invidentes,
y sesgadas a guillotina.
Ni sabrán de realidades
envueltas con lazos azules,
y en retráctiles racimos.

Pero allí,
donde algún doliente cosmos
se acurruque, allí mismo,
descansarán ellos.

Son trashumantes,
mean, se alivian y comen al fresco,
impúdicos para las miradas pías.

Siempre fueron,
para los bobos de la rutina,
-Clasificados X-
alevosos y diurnos.

Su cátedra es tan miserable
como la de una pupila tuerta
que se cree visionaria.

Cercenan el duelo a tu lado
con su boca de cordura,
y viven del entierro
de tus miedos.

Se conforman,
con el salitre vacío
del fondo de tu copa,
y nunca habrá un abandono
en mi trono para pobres,
al raso de tu cocina.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Pequeñas y silenciosas grietas

Se han callado las heridas.
Recogeré todo aquello que olvidamos
entre las ropas esparcidas por la casa,
y mi corazón, haragán y descosido
como un botón de adolescente,
se librará del olvido,
huyendo de tu crater.

Este silencio me ha de cubrir,
como la niebla tapa el grito
caído al fondo de una sima.
Este silencio cerrará la gruta,
desdentada y muda,
donde viven los cuervos de tus sienes.

Ahora que el rumor se me apaga,
ya no recordarás mi mirada,
nos quedaremos desnudos
y enterrarás mi paisaje en tus oquedades.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Recuerdo el frío

Arboles y arenas.

La mar muerde tu miedo,
recuerdo el frío,
y la nieve sobre algas,
deshielo de una lagrima
que se hizo caminante.

Presiento tu camisa
en un pliegue del albero,
medio enterrada,
a salvo de peces y de espuma.

¿Que sería de nosotros
si nos hacemos jirones
bajo las olas?

El cielo muerde tu vértigo,
recuerdo el frío,
y mi corteza con post-it,
repleto de plegarias
que me invadieron las ramas.

Presiento tu afonía
mendigando absoluciones,
medio curvada,
buscando más papeles amarillos.

¿Que sería de nosotros
si nos vendemos al sueño
por encima de los tallos?

Ni barcos ni nubes.

jueves, 27 de octubre de 2011

Habana Vieja


El resto de las urbes
me parecen ahora bosques podridos;
cobijo de elegantes larvas
que sueñan con gotas de rocío,
en sus atestados enjambres
de diamantes ahumados.

Pero tú,
aun seguirás brillando
después de mis funerales.
Cambiaste la modestia por pinceles
y dibujas tus fachadas con mariposas.

Tu piel si que luce
-tatuada-
con sus coloridos cascotes
y trovadores de sones.

A tus hijos,
el azar no les naufraga
en insípidos callejones
de grises luminarias.

Son los últimos caínes
que se quedaron sin dios
para librarse del resto de mendigos
y seguirán siendo bellos y altivos
con la faz quebrada.

Retrato tu grandeza
y mientras tomo tu mano
siento sangrar tu aliento,
-y sigues posando vanidosa-
sin desfigurar la sonrisa.
Amo tus cálidas estaciones
que olvidan el brutal estigma
que te concedió la historia.

Se estrechan los ríos
en cuencas de pedregales
y no sé de bocas,
que se mueran de frío
en este laberinto.

No pueden ofenderte,
los que maquillan las ruinas,
-de los que ayunan y sueñan-
ni las manos con racimos
de ayuda tan inservible.

Amparas a los exilados
que enzarzan margaritas
en sandalias de pies morenos,
a los que no gastan relojes ni premura,
y a aquellos que regalan el tiempo
mientras se hospedan en tus brazos.






Ilustración: "La Habana Vieja". Óleo sobre lienzo de Tomás Castaño

miércoles, 19 de octubre de 2011

Lobo urbano

Aún queda pasar esta noche,
sobrevivir al filo de su espada,
en la ciudad que se retuerce
cubierta por una capa negra
de lentejuelas.
Será esta, la última
que me disfrazo de lobo,
de ir calado hasta los huesos
con las lagrimas azules de la luna.
Y será el concluyente festin
de las voraces rapaces.
Los buitres dejarán de hacer graneros
en mi pecho,
vivirán del recuerdo de mi entraña
húmeda y jugosa,
bajo pulmones opacos de obsidiana.

Todos los balcones
saciarán sus flores con mi esperma.
Beberé las estrellas y los planetas,
barra libre de locos y de poetas.

Mañana no recordaré
si mis lamentos fueron a refugiarse
a la jaula más oscura de tus senos,
o se ahogaron con un lazo,
o se hicieron arco iris,
con el desteñido envoltorio de algún regalo
que me dejé olvidado en un banco.

Mañana,
en cualquier ciudad que habites,
buscaré las esquinas donde vacías el alma
para restregar mi piel y perfumarme
con tu esencia de lo humano,
y volveré a perderte los regalos
si me descuido cazando
con mi jauría de versos
a tus gentiles palomas.