sábado, 14 de mayo de 2011

Componiendo


Quiero hablar de métricas,
de lo bien que suenan
las corcheas en tu espalda,
las fusas, semifusas
afinadas con los labios.

El sonido en mi garganta,
el fagot de un tenor asustado
que imita tu voz ante el espejo.

Y la tuya evidencia la risa
y el llanto y el grito
y el deseo bañado en caricias.

¿Es ya de madrugada?
Si, todo es advenimiento y sinfonía,
ya amanece sin sed de alba.

Nos afanamos en entender este momento
y creo,
que no sabemos de lenguas tan antiguas
y no podremos siquiera traducirlas.

Porque no hay,
un acorde inmortal en las gramolas
y llevamos la armonía entre manojos.

Aún
no se despiden los pañuelos
desde la cima de tus rizos,
no hay puerto, ni anden
ni embarcadero
donde me alcen de puntillas
para alejarme de tus sueños.

Y es que hoy,
me siento el gran compositor
que estrena el canto de tu lecho
acariciando cada una de las teclas
de tu rendido cuerpo.

Mírame,
me vierto al infierno de cabeza
y ya no hay perdón que me importe.

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